En el Islam, el matrimonio se considera un pacto sagrado entre un hombre y una mujer, cuyo objetivo es crear una sociedad pacífica y armoniosa. Sin embargo, a las mujeres musulmanas no se les permite casarse con hombres no musulmanes por varias razones basadas en las leyes y principios islámicos. Una de las principales justificaciones es que el Islam considera a los hombres protectores y mantenedores de las mujeres. Por lo tanto, casarse con un hombre no musulmán podría potencialmente poner en peligro las creencias y el compromiso religioso de la mujer, ya que es posible que él no respete ni apoye su fe adecuadamente. Además, en muchos casos, los maridos no musulmanes pueden no estar dispuestos a seguir las leyes familiares islámicas en materia de derechos de herencia, prácticas de crianza de los hijos o procedimientos de divorcio, lo que puede generar conflictos dentro del matrimonio, además de otras cuestiones.
El Islam valora la unidad entre los cónyuges; por lo tanto, se cree que las parejas con diferentes educaciones religiosas no pueden lograr un verdadero unísono en sus creencias con el tiempo. Esto conduce a más conflictos en el futuro, haciendo que esa relación sea desfavorable para las mujeres musulmanas. Es probable que sean matrimonios infelices e incompatibles.